En primer lugar, hemos hecho ver que el derecho de
mayorazgo entre los nobles es muy perjudicial en muchos países a la perfección
de la especie humana, sería pues necesaria una ley sobre este punto establecido
el uso, pero a lo menos para permitir a los padres y a las madres la libertad
de instituir por heredero de sus adquisiciones a aquel hijo que tuviese por más
apto sin distinción de la preeminencia que el nacimiento les ha dado, porque se
puede creer prudentemente que la elección caería sobre los que fuesen más
capaces de sostener y perpetuar la familia. Sería también necesario que desde
el punto que la ley se promulgase, se pusiese en ejecución en todos los hijos
que naciesen después de la promulgación y que, por lo que mira, a los que habían
nacido antes, le siguiese el uso, que actualmente está en práctica y es danza
en su familia, sino por motivos justos. Por este medio, los bienes de la
familia no pasarían como muy de ordinario, sucede a sujetos poco aptos para
mantener con dignidad el honor de la casa. Esta ley se debería extender a las
hijas a falta de varones y siempre en favor de un laudable casamiento.
Mas como el lujo, es una de las primeras causas que da
motivo a la degradación de la especie humana, para corregirlo convendría mandar
que los nobles hubiesen de residir por lo menos ocho meses en donde tienen sus
tierras llevando contigo toda la familia. Por este medio, las casas empeñadas
hallarían modo de restablecerse y se hallarían más aptas al servicio del Rey y
de la patria. Asimismo podrían criar sus hijos de un modo útil al Estado y a si
propios. La gente moza se extraviaría
menos estando a la vista de sus padres y madres que estando solos en la corte
o en grandes ciudades. Igualmente se podría cuidar mejor de su educación, siendo
el aire del campo más puro y sano, gozarían de salud más robusta en la edad en
que los jóvenes deben hacer sus ejercicios de estudio. Hallándose los padres
desempeñados, los podrían enviar a las ciudades con personas de confianza que cuidasen
de ellos. Lo cierto es que un retiro de la capital y de la corte recobraría
poco a poco el gusto de la simplicidad y de las buenas costumbres. La
residencia de los señores en sus haciendas facilitaría mejores productos a sus
tierras por las mejoras que insensiblemente harían en ellas, no tanto por
aumentar la renta, cuanto por divertirse con lo que fuesen agregando. De esta
forma, se vería muy en breve restablecerse las campañas porque es menester, poco
para conjeturar, que los gastos que harían en sus viajes ocasionarían una consumición
de víveres que, se deja de hacer actualmente en ellos, la agricultura se
animaría.
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